La Patria Valparaiso page 8

 

LA PATRIA

Valparaíso,Octubre 3 de 1872.

ECOS DEL DÍA

 

 

Estamos viéndolo, y no lo creemos. Las desavenencias entre Chile y Bolivia están sirviendo de pasto a una especulación bestial. Como lobos hambrientos que todo lo sacrifican a su voracidad, unos cuantos agiotistas juegan hoy con la paz de dos pueblos y negocian con su inquietud y su zozobra.
A principios de agosto les sirvió de instrumento la tibieza que con motivo o sin él supusieron en las relaciones personales del ministro de relaciones exteriores y el ministro representante de Bolivia: especularon con la credulidad pública e hicieron un negocio. A fines de agosto, agotaron todas las formas de patriotismo sentimental y apasionado, exageraron a sabiendas las consecuencias del rompimiento personal entre la cancillería chilena y el plenipotenciario boliviano, deprimieron, maltrataron e insultaron a éste, declararon inevitable una guerra, y especularon con el pánico del comercio honrado. Más tarde, supusieron una situación ambigua; presentaron al presidente de Bolivia en las mejores disposiciones hacia Chile; abusando de la fe pública al señor Bustillo; en calma perfecta las relaciones que habían antes presentado a punto de romperse, y negociaron tal vez la tranquilidad que devolviera al patriotismo, a la industria, al comercio y al trabajo. Acaso no les conviene esa tranquilidad, e inventan las formidables noticias que, por medio del intendente de Atacama, recibió y publicó el ministerio.
Hoy dice el intendente Echáurren en un despacho telegráfico, y la República en un editorial, que esas noticias son falsas, porque ningún otro conducto las autoriza, y ambos, intendente y diario semi-oficial, atribuyen esas noticias intranquilizadoras a depravados designios de especuladores.
Según el señor Echáurren, las cartas familiares del plenipotenciario de Chile en Bolivia mencionan el más leve hecho que puede autorizar esas noticias, y antes manifiestas esperanzas halagüeñas: los comerciantes bolivianos, nada saben; el jefe de la estación naval en el litoral chileno-boliviano, narra hechos que presentan a los bolivianos en comunidad de afectos y deseos con los chilenos.
Según el diario semi-oficial, nada hay que justifique las noticias alarmantes.
Llegan más tarde las palabras de los diarios de la Paz, y de ellos se deduce que no atribuyen al rompimiento exclusivamente personal del gobierno de Chile y del señor Bustillo, el carácter de rompimiento nacional que no hubiera justificado, pero hubiera hecho comprender los excesos que el telegrama alarmante suponía.
La publicidad, coeficiente de la libertad, sirve hoy como ha servido siempre para desenmarañar las marañas de los pérfidos que juegan con la credulidad pública, y estamos muy lejos de sentir que se dé publicidad a noticias falsas o no bien averiguadas; pero sentimos profundamente y lamentamos con la mayor vivacidad la inmoralidad grosera, la torpeza inicua, el villano egoísmo y la nefanda codicia de los menguados que así explotan la legítima suspicacia de dos pueblos, y, pues que el gobierno debe tener en cuenta ese elemento corruptor, le recomendamos la impasibilidad que conviene a los que responden de la paz y la dignidad de una nación, y le amonestamos para que, suministrando a la publicidad cuantos datos oficiales puedan oponerse a las noticias interesadas de los especuladores contribuya con ello a anonadarlos.
De las infamias de unos cuantos, no puede ser responsable todo un pueblo, y éste tiene el derecho de exigir a su gobierno que ayude a desenmascarar y a desarmar a los infames.

LA PATRIA.

VALPARAÍSO, SETIEMBRE 30 DE 1872.

ECOS DEL DÍA.

 

 

El Independiente ha publicado una carta familiar del presidente de Bolivia a su amigo de Chile, que puede servir de clave a la conducta extraordinaria, cuando no misteriosa, del que fue plenipotenciario de Bolivia en Chile.

Según esa nota, el señor Bustillo tenía en su poder la carta de retiro cuando provocó el conflicto que dio por resultado su salida del país.
Que una vez destituido por su gobierno, el representante boliviano había perdido el derecho de hablar u obrar oficialmente en nombre de su poderdante, es inútil decirlo. Por qué, usurpando un derecho que había caducado con la carta de retiro, seguía hablando y obrando en nombre del gobierno boliviano, sería bueno averiguarlo si tuviéramos para hacerlo cuantos datos se necesitan para un juicio justo. A falta de esos datos, y no queriendo aventurarnos en el camino de las suposiciones, lo único que podemos hacer es lamentar el abuso del funcionario boliviano, hacerlo constar y señalar en él la existencia de una intención hostil.
Hostil contra Chile y contra su propio gobierno debía ser la intención del plenipotenciario boliviano, puesto que no retrocedía ante su propio descrédito al seguir, ya destituido, procediendo como representante de Bolivia. De la falta de respeto cometido ante su gobierno, solo su gobierno es juez. De la falta cometida al querer concluir su misión, envolviendo a Chile y Bolivia en un conflicto, es Chile, es toda América latina juez perfecto, y como americanos y como periodistas de Chile reprobamos la aviesa conducta del señor Bustillo.
Abandonado como está a la torpe debilidad de que ha dado pruebas; vencidos por los hechos los que, como él dentro y fuera de Bolivia, bolivianos o no bolivianos, anteponen los intereses personales, de que habla en su carta el presidente Morales, a los intereses nacionales que ventilan los gobiernos chileno y boliviano; simplificada por el aborto de la expedición Quevedo la situación de ambos países, solo queda a uno y otro el cuidado de definir para siempre esa situación y de convertir en realidad los excelentes deseos que demuestra el presidente boliviano, que es interés del gobierno chileno secundar.
La buena suerte que, a pesar de todo, favorece las relaciones fraternales de Bolivia y Chile, sería una casualidad caprichosa si Chile y Bolivia no supieran aprovecharla; será un auxiliar de la buena fe internacional, si se tiene inteligencia y decisión para aprovecharla.
Aprovéchese, pues, la buena suerte, y establézcanse definitivamente las bases del concierto perpetuo que debe existir entre países dos veces unidos con lazos íntimos; hermanos por el origen y la geografía, hermanos por la comunidad de intereses industriales.

 

Chile y Cuba.

(En: La Patria. Valparaíso, setiembre 24 de 1872).

 

 

Ha empezado Chile a merecer ese honor de que hablamos más arriba. Chile se ha acordado de Cuba. Durante los días de la patria chilena, la bandera de Cuba, la bandera que en los días que vivimos consagra los heroísmos de un pueblo ha ondeado triunfalmente en el más alto risco de Huelen y ha ocupado el lugar de preferencia en el trofeo militar de la Exposición. Ese es un compromiso. Chile se ha comprometido ante sí mismo a reconocer como nación, como hermana, como coeficiente de la vida americana, a la Isla, que simboliza la estrella solitaria. Qué es lo que debe hacer para cumplir su compromiso, nadie puede saberlo tan bien como el gobierno, nadie puede hacerlo tan fácilmente como él: ha reconocido ante sí, reconozca ante el mundo; ha dicho al pueblo que reconoce a Cuba, diga a todos los pueblos que reconoce la independencia de la Isla y la existencia de la República de Cuba. No se crea que es más débil de lo que es, ni se niegue por un sentimiento pernicioso de su debilidad, a hacer una acción justa. La palabra de Chile es respetada, y por lo mismo que ha tardado en pronunciarle , puede ser eficaz. Detrás de Chile vendrán los demás gobiernos latino-americanos a declarar que Cuba es independiente, y acaso ese simple reconocimiento de su derecho que el heroísmo cubano está convirtiendo en hecho, bastará para crear el último período necesario de la revolución de Cuba: el período internacional.
Hasta sabemos que para actos de esa trascendencia importa a los gobiernos, (sobre todo, cuando no tienen fuerza internacional) obedecer a impulsos de opinión, a clamores públicos, a actos populares, a deseos colectivos; pero si la opinión es unánime, y se sabe; si los clamores no se lanzan, porque se desconfia de su éxito; si el pueblo no obra, porque tiene la triste convicción de la ineficacia de sus actos, al gobierno toca estimular a la opinión, provocar los clamores, estimular los actos populares, y el medio más pronto es el reconocimiento.
Tan natural y tan lógico parece ese acto al sentido común del país, que muchas personas se nos han acercado en estos días a congratularse con nosotros del que llamaban éxito feliz de nuestra solitaria propaganda en favor de Cuba, y, mostrándonos en la cumbre del Huelen la estrella de Cuba, nos han presentado como un hecho el reconocimiento oficial de la Indpendencia; y cuando nosotros, moviendo tristemente la cabeza, atribuíamos al señor Guillermo Matta, a un judío errante de la libertad y al señor intendente de Santiago, la presencia de la bandera cubana en los regocijos de la patria chilena, han exclamado: “Pues Cuba sería reconocida si Vicuña Mackenna fuera gobierno.” Es decir. Cuba sería reconocida, si alguien tuviera en el gobierno el generoso desdén que tiene el intendente de Santiago por los respetos vacíos de nuestra diplomacia.
Reducido todo a ese escrúpulo pueril, que tanta torpezas nos hace cometer, ¿por qué no lo vence el gobierno y da a Chile un día de gloriosa satisfacción, y se da a sí mismo la fuerza que anda buscando en arbitrios que más lo debilitarán cuanta más fuerza le den en el momento?
Grandes actos, exponentes de grandes ideas, eso es gobierno fuerte, gobierno incontrastable, gobierno glorioso. A los grandes actos no resisten las dudas más auteras: a las grandes ideas se asocian los enemigos más severos.
Reconózcase a Cuba, y los más supicaces empezarán a deponer su suspicacia. Quien quiere confianza, la conquista.

LA PATRIA.

VALPARAÍSO, SETIEMBRE 23 DE 1872.

ECOS DEL DÍA.

 

 

La inauguración de la exposición, que otros podrán desde otros puntos de vista comentar, tiene para nosotros un interés especial: el que le comunicó al discurso de su presidente el señor Guillermo Matta.
Gracias a él y al señor B. Vicuña Mackenna, que se prestaron calorosamente a aceptar la bandera de Cuba como uno de los símbolos de la nacionalidad latino- mericana; gracias a ellos, que dieron a esa bandera el lugar de preferencia, ya no podrá nadie dudar de las simpatías de Chile, pueblo y gobierno, por la heroica isla americana qe’ trata de romper los últimos lazos férreos que ligan al nuevo con el antiguo continente.
Haciéndose intérprete de esas simpatías, el señor Matta pronunció nobilísimas palabras que, acogidas ardorosamente por un público tan numeroso como escogido e ilustrado, probarán siempre que la república del extremo sur piensa fraternalmente en la naciente república que el sol de los trópicos enardece.
Si se pregunta por qué, palpitando en el corazón de cada chileno el sentimiento evocado por el señor Matta, no es más eficaz la acción de Chile en favor de Cuba, podría responderse a la pregunta con tantas respuestas cuantas sugiere la situación política y social del país; pero como ninguna de esas respuestas correspondería al efecto generoso que sentían el presidente de la exposición y el público que lo escuchaba, y como aun palpita en nosotros la gratitud con que pagamos toda expresión de sentimientos americanos, toda manifestación del ideal que acariciamos, preferimos y creemos necesario preferir el abandonarnos por completo al júbilo que experimentamos.
Hace muy pocos días acusamos de indiferente y pasivo en la cuestión de Cuba a Chile, y hoy tenemos la obligación de manifestar que Chile, como Colombia (de cuyo amor por Cuba hablamos con entusiasmo) sería uno de los pueblos más decididos por el triunfo de la revolución cubana, si el presidente de la república de Chile (que, al oír al señor Matta hablar de Cuba, manifestó con demostraciones que todos pudieron observar su adhesión a las ideas expresadas por el orador) tuviera delegados de su poder que, como el intendente de Santiago, no temían reconocer en la bandera de Cuba el símbolo de una nueva nación americana; tuviera ecos en la opinión pública que, como el señor Matta, no temían decir en plena luz del día, a la faz de Chile entero, en la más hermosa de las fiestas patrias, ligando el recuerdo de los grandes días chilenos a los grandes días americanos que amanecen ahora a las Antillas: “antiguas colonias, que debéis a la independencia, al trabajo y al progreso, al bienestar y al respeto universal de que gozáis, acordaos que si sois naciones, que si sois entidades libres, lo debéis al espíritu de solidaridad que hoy invoca la martirizada Cuba.”
Cualesquiera sean las apreciaciones de la situación actual de Chile, es imposible que a nadie se oculte la inmensa fuerza moral que darían a esta república, ya fuerte por su organización política interior, su expansión hacia intereses más altos, más humanos, y el presidente de la república debe más de una vez (si quiere para Chile la noble gloria de ser la primera de las repúblicas latino-americanas) echar de menos el consejo de hombres que enlacen el porvenir en el presente, el concurso de una opinión pública que enlace la vida interior con la exterior de la república.
Podrá, pasados ya los recuerdos de las fiestas patrias, volver a dormir en el espíritu público el sentimiento americano que ha despertado la voz del señor Matta, que el intendente de Santiago se ha apresurado a simbolizar en la unión de la bandera cubana a las demás banderas americanas, que el presidente de la república ha oido expresar con manifestas señales de complacencia; pero si ese generoso sentimiento vuelve a dormir; si Cuba no vuelve a ser para Chile y su gobierno, otra cosa que un tema de secretas simpatías, que un trópico de adoraciones personales, culpa será de cuantos, pudiendo contribuir a mantener despierto en el espíritu público ese sentimiento salvador, esa aspiración universal de los pueblos americanos, consienten en dormir el sueño que duermen los contentos de sí mismos, que, sean pueblos o sean hombres, son egoístas cuando sólo piensan en sí mismos, son débiles porque son egoístas y porque sólo piensan en sí mismos.
Sí: tenía razón el señor Matta. La apertura de la exposición “es también una página histórica de América. Que ella sea, como la época que recuerda, triunfo común y triunfo americano. Fiesta cívica de Chile este año traduzca en nobles acentos la sincera fraternidad de nuestros corazones”, y así como se enlazan en sus trofeos todas las banderas, así se enlacen en una misma santa idea todas las almas republicanas del nuevo mundo, tanto los que viven haciendo su faena de progreso y de ventura, como los que luchan haciendo su faena de martirio y de lágrimas; los que en el Plata, en Colombia, en el Perú mueven las ruedas de la industria, agitan la antorcha de los ideales del arte para triunfar de la miseria y de la ignorancia, como los que en la magnánima Cuba se arman valientes y heroicos se sacrifican para conquistar su independencia y su libertad!”
Y ahora, gimiendo y suspirando, exclamemos: así sea!

LA PATRIA.

VALPARAÍSO, SETIEMBRE 13 DE 1872.

ECOS DEL DÍA.

 

 

Discursos diplomáticos y brindis prueban que Bolivia y su gobierno constitucional están distantes de los sentimientos hostiles y del patriotismo agresivo que algunos malos traductores del sentimiento nacional y peores intérpretes de los últimos acontecimientos habían hecho temer.
En palabras oficiales y familiares, el presidente constitucional de Bolivia ha dicho expresamente que cree en la lealtad del gobierna chileno, que no da valor a rumores infundados, que persevtóá en la misma conducta que ha mantenido las relaciones cordiales de los gobiernos de Bolivia y Chile.
Ya estaríamos cansados de insistir en la vaciedad de los medios empleados, más torpe que criminalmente, por los interesados en hacer triunfar el amor propio o el interés exclusivista de Bolivia o Chile, y no volveríamos a manosear el tema ya gastado, sino importara tanto como importa hacer constar que entanto prepondere en el gobierno de Chile y de Bolivia la reflexión sob^e los impulsos del sentimiento irreflexivo, habrá esperanza de dar una solución definitiva a las diferencias de dar una solución milivd a IdÁ-Tttfcrüncias añejas que el tratado de 1866 intentó en vano destruir.
La conducta del plenipotenciario chileno en Bolivia; la del gobierno boliviano; los sentimientos personales del presidente de la república vecina; los esfuerzos del gobierno chileno, -todo prueba que las partes comprometidas en la interpretación del tratado e interesadas inmediatamente en resolver el problema que el tratado incluye, obedecen a móviles más racionales que los a que quisieran obedecer los que, cansándose pronto de las dilaciones del derecho, verían sin vergüenza y sin remordimiento que el gobierno y el pueblo de Bolivia y Chile abandonaran la discusión de sus intereses a la fuerza.
Probándose como va la posibilidad de terminar fraternalmente las negociaciones que nunca debieran dar pretexto a suspicacias, recelos, dudas y alejamiento, está probado que el resultado final depende de la sinceridad en la conducta, de la claridad en el intento y de la benevolencia en el modo de establecer el derecho que se arguye.
Si el intento de Chile y Bolivia no es otro que la salvación del derecho que ambas repúblicas tienen a gozar de la posesión y de los bienes que el territorio y las riquezas del desierto representan, por difícil que sea la definición de ese derecho y por mucho que lo haya oscurecido el tratado, es indudable que esa definición y distribución de derecho puede hacerse.
Si no se hace del modo definitivo que conviene a la paz de ambas repúblicas, culpa será de los que no sepan o no quieran encerrarse en los estrictos límites de su derecho.

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La exposición artística e industrial que en las ya próximas fiestas de la patria va a servir de punto de partida a una nueva Era, la Era de la razón nacional, que muestra en sus progresos las pruebas de la justicia con que rompió el yugo que la estacionaba; la exposición nos recuerda cómo ha celebrado Bogotá, capital de la Unión Colombiana, su fiesta de la patria. Todo ha sido allí simbólico; todo ha sido una lección; todo una muestra de progreso.
Y como era natural que al recordar el día venturoso con que la colonia de Nueva Granada dejó de ser esclava para ser una nación independiente, se recordara^ también el pueblo americano que aun lucha contra España por ser dueño de su propia vida, Bogotá ha recordado a Cuba. Presidente de la Unión, oradores, estudiantes, pueblo, todo cuanto piensa, siente y quiere; todos cuantos anhelan la integridad del continente americano, celebraron con aclamaciones y con lágrimas, con símbolos y con manifestaciones patentes la simpatía del pueblo colombiano por el cubano, el interés de los herederos de Ricaurte tienen en el triunfo de los héroes que ha dado Cuba a la historia de la independencia americana.
No hace muchos días, el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile publicaba su memoria, y en ella no ha cabido ni una sola palabra favorable a Cuba. Acaso tendremos hasta banderas españolas en las fiestas patrias, y si aparecen (como es posible) algunas banderas de Cuba a completar el juego de colores nacionales, tal vez sea la condescendencia piadosa quien haga la concesión.
El Presidente de Colombia, que no cree ni teme comprometerse declarando a la faz del mundo que Colombia es un pueblo americano, ha dicho en su alocución a los pueblos que gobierna: “Hoy es día de pensar en los que siguen nuestras huellas: Cuba está allí penando y pugnando; pensemos en Cuba.”
El pueblo colombiano que ha visto triunfar o sucumbir a algunos de sus hijos bajo el ya sagrado pendón de Cuba, lo conoce, lo respeta, lo bendice; y sus estudiantes se lo colocan como insignia, y sus oradores lo tremolan al arengar a la muchedumbre.
Hemos creído conveniente, antes de entregarnos a los olvidos de la fiesta, mostrar en la conducta de Colombia un ejemplo digno de Chile.

LA PATRIA.

VALPARAÍSO, AGOSTO 29 DE 1872.

ECOS DEL DÍA.

 

 

Ayer nos sorprendió la noticia más inesperada: el rompimiento de relaciones diplomáticas entre Chile y el Enviado de Bolivia. No decimos que sea rompimiento ente los dos gobiernos y las dos repúblicas, porque tenemos suficiente fe en la cordura y en el patriotismo de ambos gobiernos y nos atrevemos a tener en el americanismo de ambos la esperanza necesaria para no ver realizado uno de los males más funestos que podrían caer sobre uno y otro pueblo.
El motivo ocasional del rompimiento es la expedición filibustera de Quevedo. El Plenipotenciario de Bolivia ha afirmado que la expedición había tenido poderosos auxiliares en Chile. A la afirmación oficial del Plenipotenciario contestó el Ministro de Relaciones exteriores con un plazo perentorio para recibir las pruebas fehacientes de la afirmación: no recibidas, el gobierno ha notificado al Representante de Bolivia que ha pedido su retiro al gobierno boliviano.
Previendo las dolorosas consecuencias que podría tener la salida de la expedición filibustera, nosotros cuidamos de protestar contra ella, y de probar, con las notas cambiadas entre el Intendente de Valparaíso y el Ministro e Relaciones exteriores, que el gobierno y sus delegados habían hecho lo necesario para evitar que saliera de un puerto chileno una expedición armada contra Bolivia. No podíamos creer ni creemos ni jamás creeremos que las palabras oficiales que entonces correspondieron en nuestra confianza a la dignidad del gobierno chileno, eran meras palabras, que disfrazaban una intención vergonzosa. Ahora, como entonces, creemos que esas pruebas bastan para demostrar al gobierno boliviano la lealtad de sus aliados, y ahora, como entones, creemos que el gobierno de Bolivia no se abandonará a los impulsos que han extraviado la conducta de su representante.
Estamos muy lejos de creer que éste ha obedecido a móviles innobles, y no tenemos, por qué ni para qué confundir impul^s que, aún violentos, pueden ser y son patrióticos, con pasiones que dejarían de ser nobles en un momento en que fueran personales. Creemos que el Plenipontenicario de Bolivia ha cometido un error, y porque pensamos que ningún pueblo es solidario de los errores de sus representantes, que ningún gobierno es responsable de los errores de sus enviados, pensamos que el pueblo de Bolivia y su gobierno pueden hacer justicia a su Plenipotenciario, sin por eso romper con Chile.
El gobierno chileno tiene mucho más interés en la estabilidad del orden restaurado por la actual administración de Bolivia y en el arreglo tranquilo de las cuestiones pendientes, que en el triunfo de una revolución, aunque fuera una verdadera revolución y no un acto de filibusterismo el de que temerariamente se le supone cómplice o encubridor. Aceptando la inmoral ley de las naciones que atribuye a los intereses materiales la eficacia absoluta que niega a intereses más elevados y tan eficaces como ellos; y suponiendo que el gobierno de Chile no tenga en las relaciones con Bolivia ninguna de las ideas que determinaron el tratado vigente de alianza y constituyen en cierto modo los elementos efectivos de las relaciones latino-americanas —el interés de Chile es la paz con Bolivia, el orden inalterable en Bolivia, la terminación definitiva de las diferencias creadas por el tratado de límites. A la paz, al orden, al arreglo de diferencias se oponen directamente las tentativas que hacen o hagan los perturbadores del orden en Bolivia, y el gobierno de Chile, protegiéndolas, sería, no como dice el Ferrocarril, mas que un bribón, un necio, sino como decimos nosotros, sería más que un necio, sería un bribón. Además de necio y de bribón, sería un malvado: habría hecho un daño directo a sus nacionales, que esperan de la probada lealtad de su gobierno la estabilidad del orden económico creado por ellos en el Desierto: habría hecho un mal positivo al comercio, que ahora mismo se está asustando de los riesgos a que lo expondría una guerra: habría hecho un mal irreparable a América latina, que ya no podría descansar en la confianza de que la unidad de intereses materiales y morales del continente hace imposible el reinado internacional de la fuerza en este continente.
De cualquier modo que sean las cosas, las lamentamos.

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Los azotadores de Ragno, reos de un delito infame, han sido condenados en primera instancia: el más criminal de todos, a la pena de muerte: el cómplice más delincuente, a diez años de penitenciaría, a A vergüenza pública y a privación del ejercicio de su facultad, la medicina: el encubridor de uno y otro, a los mismos diez años de prisión y a la misma vergüenza pública.
Ya está satisfecha la conciencia: ya puede la justicia ser clemente.
Abominable crimen es el cometido por esos salvajes; pero abominable es también la tradición penal que les había hecho perder la conciencia del crimen cometido.
Diremos en términos claros lo que acabamos de decir en términos oscuros: esos hombres no hubieran cometido ese crimen, si no existiera la pena de azotes. Esa pena infame e infamante mata de un golpe dos dignidades; la del castigado, la del que castiga: amortigua a la vez dos conciencias; la del que sufra la pena, la del que la ejecuta.
En la pena está el mal, mas que en los hombres. Acaben los azotes y acabarán los azotadores.
Lo que importa no es matar a un hombre, sino matar la pena que lo ha hecho tan duro de conciencia. Lo que importa no es estigmatizar con la vergüenza pública a dos hombres, sino salvarnos todos de la vergüenza que cae sobre todos, ensañándonos en criminales ya reprimidos por el castigo que merecen.
Clemencia no es impunidad, y cuando pedimos clemencia no pedimos impunidad.
Pedimos que se castigue el crimen, porque no queremos que se inutilice al criminal.
La pena de muerte inutiliza al hombre para el mundo; la pena de verngüenza pública inutiliza al hombre para la sociedad. Pedimos que no se confirme la pena de muerte fulminada contra el autor del crimen de Rango; pedimos que no se confirme la sentencia de vergüenza pública que ha caído sobre los cómplices y encubridor de ese crimen.
 

 

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