La Patria Valparaiso Page 12


LA PATRIA VALPARAÍSO
JULIO 1 DE 1872.
Cuba.

 

Es tan escrupuloso el respeto que tenemos a las causas santas y tan íntimo el dolor que experimentamos al verlas escarnecidas por la calumnia, zaheridas por los intereses malvados que combaten, y desatendidas por la indiferencia de los que esperan el triunfo de una idea para abrazarla, que no hemos querido volver a hablar de Cuba, a pesar de los abundantes pretextos que nos ha dado la prensa argentina, en todos y en cada uno de cuyos diarios han llegado en los dos últimos correos las más calorosas adhesiones a la obra magnánima de los revolucionarios cubanos.
Pero hoy, cuando las noticias que llegan de la dos veces grande Antilla (grande por sus dimensiones, grande por sus esfuerzos generosos), jusfifican nuestra fe, autorizan nuestras esperanzas, y las ponen por encima de todas las dudas y de todas las desconfianzas, hoy es necesario que expresemos el vehemente contento que experimentamos y que debe experimentar con nosotros quien quiera conserve, en la América Latina, el recuerdo de los primeros días de la independencia, el sentimiento de la solidaridad americana y la capacidad de regocijarse con el triunfo de la justicia y con las victorias progresivas del derecho.  Cuba empieza a triunfar. El hecho de armas que el telégrafo relata, “importante como es, no importa tanto como el pánico que ha empezado a apoderarse de los españoles residentes en la isla y de los capitales en ella y por ellos conquistados. Españoles y capitales huyen de la isla.
Es tan proverbial el instinto de conservación que caracteriza al dinero, que no hay necesidad de esforzarse en demostrar la trascendental significación de ese hecho. Basta reducirlo a afirmación: los capitales españoles emigran de Cuba, porque los capitales españoles no pueden ya contar con Cuba.
No pueden contar con Cuba, porque la isla ha dejado virtualmente de ser española y es ya americana, independiente, dueña de sí misma. Aun pasarán acaso algunos días de lucha, de sangre, de sacrifico; pero ya no volverán los días de paz infame, de innoble dependencia, de absoluta sujeción a España, [línea ilegible] creación del privilegio, incubo infernal del monopolio, sabe que no podría resistir al orden económico, a la libre competencia, que, con la independencia inminente de la isla, sucederá a aquellos eternos días de tres siglos en que solo el español tenía la seguridad de su trabajo y su fortuna, la probabilidad de crear en un trabajo privilegiado una fortuna rápida.
El telégrafo habla de una nueva hecatombe, de una nueva atrocidad española; habla de un triunfo de las armas cubanas; habla de dos expediciones, una llegada, otra por llegar; y habla de otra expedición detenida; pero nada, a nuestros ojos, tiene el interés que esa fuga de españoles y de capitales españoles, y por eso hemos querido comentarla, antes de comentar los otros hechos.
El de armas es, en especial, digno de atención, porque en él resucita el presidente CÉSPEDES, que el Cronista, periódico español de Nueva York, había declarado muerto hace dos meses. Es verdad que es la cuarta vez que CÉSPEDES, como el general AGRAMONTE, ha muerto en los telegramas y en los periódicos españoles, y que no puede eso sorprender a los que estudiamos, con atención cariñosa y religiosa, todos los desarrollos de la revolución cubana; pero (sea dicha la tristísima verdad) somos tan pocos los que tenemos esa religiosa y cariñosa atención, que hay muchos para quienes la muerte telegráfica de CÉSPEDES y AGRAMONTE, las dos personalidades culminantes de la revolución, era una prueba decisiva de la inutilidad y de la decadencia de la revolución: para esos desconocedores del tradicional sistema empleado por España en sus luchas coloniales, será una sorpresa y probablemente un renacimiento de esperanza, la noticia de que a la acción de guerra en que las armas cubanas han triunfado, asistieran el presidente y el general en jefe de la república de Cuba.
Otro interés tiene esa acción de guerra. Balmaceda, el actual capitán general de la isla, célebre por su inhumanidad cobarde, ha intentado lo que intentaron antes que el Caballero de Rodas y otros jefes españoles; bloquear con fuerzas superiores a los revolucionarios, acorralarlos en un punto, y sofocar de un golpe decisivo la guerra de independencia. El intento ha sido hoy tan inútil como lo ha sido siempre: ni en guerra de guerrillas ni en combates campales han podido nunca triunfar los españoles. Seguros, como están y pueden estarlo, de su extraordinaria superioridad numérica, han creído que la revolución se sostenía porque se albergaba en los bosques y en los riscos: cada vez que la han obligado a batallar en campo raso, la revolución ha salido vencedora.
Y ¿por qué, si triunfa, parcialmente, no ha dominado ya? porque veinticinco o treinta mil cubanos mal armados no pueden humanamente vencer a casi doscientos mil españoles perfectamente armados, que ocupan las ciudades, las ciudadelas, los fuertes, que disponen de todos los recursos materiales y morales, que tienen a su orden y a su vez una escuadra formidable, y tienen a su devoción la complicidad inicua de todos los gobiernos civilizados.
Avergonzados de sí mismos debieran estos estar de las infames atrocidades consentidas y, a veces, disimuladas, por ellos en Cuba, y, lejos de avergonzarse, en Europa y en América se ha adoptado el malvado criterio de la fuerza para juzgar de la revolc(aión y sus esfuerzos. Se dice, más o menos crudamente: –“Los españoles ocupen la isla, la ahogan, la diezman, luego pueden hacerlo: esperamos a que dejen de poder.” Y sucede lo que ahora acaba de suceder, y un oficialillo cualquiera del ejército español puede, como ese abominable Morales de que habla el telégrafo, apoderarse de niños, de mujeres, de ancianos, y hacer en ellos una horrenda carnicería (que bastaría para demostrar la impotencia de los  españoles para triunfar), y los gobiernos civilizados, así europeos com,o americanos, no sienten horror contra esos carniceros que se ponen expontáneamente fuera del derecho de gentes, ni sienten vegüenza de su pasiva indiferencia, y siguen contando con asombro los recursos de que España hace alarde, y siguen pidiendo a Cuba lo que nunca ni en época alguna, ha podido hacer un pueblo que solo cuenta con sus hijos para triunfar de sus infames opresores.

           Pero cuenta con sus hijos y con cuantos hijos tiene la dignidad americana en todas partes. Y así como aquellos, dentro y fuera de la isla, se sacrifican gozosos por su independencia, y crean de la nada, ¡de la nada! los recursos que producen esas continuas expediciones  que alimentan la revolución, así los hijos de la patria y de la dignidad americana anhelan fervientemente que victoriosa Cuba e independientes las Antillas, no quede sobre la faz de la tierra americana una huella del pie profano que ha ultrajado durante siglos la libre existencia del continente consagrado a la libertad.

LA PATRIA VALPARAÍSO
JULIO 5 DE 1872.
ECOS DEL DÍA

 

La conducta que observa la juventud de Santiago en este instante de congoja para la capital y de inquietud para el país, es digna de elogio, y de algo que es preferible a todos los elogios, es digna de estímulo.
Si ya no lo hemos dicho, lo diremos: creemos que en todas partes es gobierno la opinión, y que el periódico, elemento de ese gobierno anónimo de todos, puede y debe tener, además de su punto de vista político, fijo y preestablecido, la iniciativa política que nunca falta, aunque quieran arrebatársela, a los que tienen una idea que realizar. En ese sentido diremos lo que pensamos, y pensamos que sería torpe política la del periodismo que, desatendiendo los grandes fenómenos de la vida social, sólo se ocupara de los accidentes que ella determina sin las relaciones del gobierno y de los gobernados, en su esfera especial y privativamente política.
Muchas cosas están en estos días felices sucediendo en Chile, y muchas de esas cosas que suceden son de naturaleza favorable a las esperanzas más risueñas; pero, no hay, para nosotros, una sola de esas cosas, una sola de esas esperanzas, que nos parezca tan digna de observación, examen y alabanza como la actitud de los jóvenes.
Ha habido necesidad de salvar de la ignorancia al pueblo, y han surgido las asociaciones de enseñanza. Ha habido necesidad de completar la obra del Estado, proprocionando recursos a los que ya tienen en la Universidad y en el Instituto los medios de instrucción indispensables, y ha surgido la Liga Protectora. Ha habido necesidad de defender la enseñanza laica contra los enemigos encubiertos o descubiertos que ella tiene, y se han hecho manifestaciones terminantes. Ha habido necesidad de atender en los peligros de la peste a los estudiantes desvalidos y los jóvenes se han asociado para asistirles. Ha habido necesidad de arrostrar los peligros de la infección en las vigilias azarosas de los lazaretos, y los jóvenes han cumplido con su deber.
[ilegible] esos servicios hechos a la ciencia, al progreso, a la luz, a la humanidad, los servidores más activos salen de las filas de la juventud.
Sería una ingratitud, y, como toda ingratitud, sería torpeza, sería falta de perspicacia, falta de instinto político, abandono de los elementos de influencia que tiene la publicidad en la opinión, la opinión en el gobierno de las sociedades, el callar o desatender o no  tratar de estimular esos esfuerzos generosos, en cada uno de los cuales consta la aptitud de los jóvenes para la vida del deber y del derecho, en todos los cuales se justifica la verdad de la antigua locución, que hace de la juventud “la esperanza de la patria.”
Los que en estos días se han dirigido a los diarios de la capital y han expresado la gratitud o la admiración que los ha inspirado la conducta de los jóvenes en los lazaretos, han realizado un acto digno, porque siempre es digno el expresar afectos nobles, y ya habrían sus palabras hecho más de lo que los jóvenes (desinteresada como es la juventud) solicitaban; pero es necesario hacer más no por los jóvenes mismos, sino por la sociedad a que dan tan halagüeñas esperanzas; y por la patria, a que prometen ciudadanos tan completos: es necesario hacer comprender a esa juventud que se levanta y que tan noblemente toma posesión de su destino, que solo en la obra del derecho, del bien y la justicia tiene ella recompensa digna de su esfuerzo, que solo en los horizontes de la libertad tiene espacio bastante para sus impulsos, que solo perseverando en las ideas que empieza a descubrir, podrá hacerlas tirunfar.
Y de trinfar se trata, y para triunfar es necesario hacer algo más de lo que se hace.
En la situación actual, que será muy miope el que, pudiendo, no sepa utilizarla para el presente de la libertad política y del progreso moral en Chile, la juventud es un elemento indispensable. Los árboles se cansan y a los árboles se transfunde la savia. Hace falta savia nueva en la vida chilena. Los magnánimos representantes que en ella tiene la idea del porvenir, están cansados de luchar y reluchar, siempre solos, siempre burlados por los hombres o los hechos, siempre triunfando en las costumbres y hasta en las leyes, nunca en las esferas donde la costumbre debe convertirse en ley y puede la ley convertirse en costumbre.
Apoyar a esos hombres, desde la cátedra, el libro, el diario, el meeting, la asociación, no basta: es necesario apoyarlos en los lugares donde se dan las batallas decisivas. Es necesario llevarles al parlamento el contingente de las fuerzas vivas. Es necesario que la juventud vaya al parlamento, no como individualmente ha ido éste o el otro joven, sino como juventud, como falange, como legión organizada, como representación viva y activa de una idea y un ideal.
Tiempo hay todavía para pensar, para organizar, para utilizar todas las fuerzas; pero el tiempo más utilmente empleado es el que se emplea desde el momento en que se reconoce la necesidad de utilizarlo.

LA PATRIA VALPARAÍSO
CHILE
agosto 7 de 1872

Ayer por la tarde recibimos de Caldera el siguiente telegrama, con el cual ha contestado el general Prado al que publicamos en nuestro número del lunes:
“Señor don Ulises Deloy.
Caldera
Con toda mi alma celebro el grandioso acontecimiento, por el cual el pueblo del Perú eleva a inmensa altura su nombre y su honra revindicando a la vez la justicia y el voto popular.
En cuanto a mí, con harto sentimiento me privo tadavía de volver a la patria amada por consideraciones esencialmente  patrióticas.
Si usted no pasa a este hogar, me dará usted el pesar de no verlo y abrazarlo. Mil afectos al leal Amoros.” Prado.”
Ese telegrama confirma los temores que, comentando rápidamente el anterior, manifestamos.
El general Prado no va, por ahora, al Perú.
Completamente seguros, como estamos, de los generosísimos estímulos a que obedece la resolución del honrado americano; seguros también de que son “esencialmente patrióticas” las consideraciones que lo obligarán, por el momento,a desoír el llamamiento de sus amigos, y admirando y aplaudiendo el esfuerzo que se necesita para resistir a las mil solicitaciones que en este momento labrarán su inteligencia, su corazón y sus deseos, -nos atreveríamos, no como periodistas, no como amigos, no en nombre de derecho alguno, sino como americrjaos y en nombre del patriotismo americano, a exponer algunas objeciones. Estarán perfectamente en nuestro dominio, puesto que el telégrafo nos da el derecho de publicidad y discusión.
Hagamos una hipótesis, que acaso en el próximo correo será una realidad: supongamos que la primera palabra del Presidente constitucional del nuevo periodo, sea una repetición ofical, pública, solemne, del llamamiento telegráfico, hecho por el señor Delboy en nombre del señor Prado; y supongamos ( y no es suposición esta inducción lógica) que el Congreso, la prensa, los clamores populares secundan el llamamiento del Presidente ; y reflexionando en la nueva situación del Perú, preguntemos: ese llamamiento de la patria, representado por su pueblo y por sus poderes, ¿será obra exclusiva del sentimiento, mera manifestación de gratitud, somera reparación de los perjuicios y los dolores de una persecución?
Será algo más; será una prueba de perspicacia política.
La situación del Perú no será tan fácil, tan llana, tan segura, como acaso se piense. Ya hemos expresado nuestro pensamiento en una fórmula, y repetimos la fórmula para insistir en el pensamiento; el nuevo gobierno será un gobierno nuevo. Lo apoyará la mayor de las fuerzas sociales conocidas, la opinión, ; lo quiere el pueblo que, con tan ejemplar resolución ha despedazado los obstáculos que se le oponían; pero seguirán combatiéndolo tenazmente, con guerra más tenza cuanto más sorda, todos los elementos de reacción, de anarquía y corrupción que está llamado a anonadar.
Las oligarquías no se dejan vencer en un combate, y es una oligarquía la que acaba de recibir su primer golpe en el Perú. El caudillaje no se da por vencido en la primera derrota, y es, el caudillaje, puesto al servicio de la oligarquía, quien ha caído postrado, pero no vencido, en las calles de Lima y de Callao. La corrupción administrativa trasciende al espíritu de las sociedades, y si ella es en gran parte combatida por el generoso heroísmo del pueblo, ella será también quien empiece sordamente la reacción.
A esos tres enemigos, que puede debilitar y debilita un escarmiento, pero que solo las ideas, los principios, la práctica de la libertad destruyen, -a esos tres enemigos hipócritas (sin contar con otros tan hipócritas como ellos), tendrá que combatir el nuevo gobierno. ¿Y con qué? con un gobierno nuevo; con una reforma electoral, con una reforma municipal; con una reforma constitucional; con una reforma militar; con una reforma financiera; con una reorganización política y social.
Esa tarea será tanto menos difícil (nótese que no afirmamos que será más fácil) cuanto más poderosas sean las adhesiones, cuanto menos condicional el apoyo que reciba la nueva administración.
Y temiendo trasponer los límites del patriotismo americano, en cuyo nombre hablamos, y en cuyo nombre tememos, y por amar el porvernir de la libertad en toda imérica, callamos.
Mucho estimamos hoy al generoso ciudadano que encuentra en su patriotismo la fuerza que necesita para resistir al placer de volver a la patria redimida; pero más estimaremos mañana al político que sepa sacrificar a la patria su grandeza.

LA PATRIA VALPARAÍSO
MAYO 13 DE 1872.
ECOS DEL DÍA

Preciso es que los vecinos de Ángel, cuya acta en favor de la ley marcial pública el Ferrocarril del sábado, estén en un estado muy angustioso y hayan perdido el instinto de conservación, para que asi desconozcan sus intereses y se empeñen a continuar una situación que de otro modo maldecirían con tanta vehemencia como hoy reclaman.
Hoy en esos muchos motivos de triste reflexión; pero no haremos ninguna que no se refiera al fondo mismo de la situación de la frontera.
¿Por qué se está en perpetuo estado de guerra con los araucanos^ ¿Se ha hecho todo lo que debía hacerse para atraer a ese pueblo semi-bárbaro a la civilización de que gozan sus vecinos? Son ellos tan refractarios a la civilización que más la odian cuanto mas conocen sus beneficios y es la civilización tan parcial con ellos, que solo les muestra su fuerza bruta, nunca los beneficios que produce?
Tomar todas las precauciones que haga necesaria esa hostilidad incesante entre bárbaros y civilizados, es prudente; pero ¿no sería más prudente que se tomaran todas las medidas posibles para hacer cesar la hostilidad?
Los habitantes de la frontera dirán, ya lo sabemos, que tienen el derecho de que se les ampare en su vida y sus haciendas, pero los habitantes del resto de la república podrán contestarles que tienen el derecho de exigirles que contribuyan a modificar las condiciones de la vida en el territorio que ocupan, para no manchar la historia del país con un estado anti-constitucional, con sus matanzas que nada bueno pueden producir, con el exterminio sistemático de una raza, cuya sola vida después de la cruenta política observada con ella, basta para declararla digna de simpatía, de respeto y civilización.
La situación de los fronterizos es semejante a la que aceptan en el oeste de los Estados Unidos los inmigrantes extranjeros. Cruel es, y tan torpe como cruel, la conducta de esos hombres; pero, al menos, no hace solidaria de su crueldad a la civilización, porque obran por su cuenta y riesgo, y siempre y casi siempre son conquistadores voluntarios del terreno en que por privera vez fijan la planta. Entonces, los fuertes que han dejado tras de ellos siguen su camino y estrechan a las tribus indias; pero esta justificación de su conducta por los poderes federales y sus delegados, sanciona un hecho que se ha realizado contra su voluntad y en virtud, casi siempre, del instinto de vida que ha llevado a aquellas soledades a los colonos temerarios.
Aquí sucede lo contrario: es la civilización, es su representante, el poder nacional, quien mantine una fuerza permanente en la frontera, quien con un pretexto o con otro, aleja cada vez más la frontera. Los habitantes de ella no hacen mas que contemplar pasivamente, en vez de tomar la responsbilidad de su situación. ¿Creen que eso basta para justificar los clamores que lanzan? Todo el mundo tiene en toda sociedad organizada el derecho de vivir y trabajar; pero no por vivir y trabajar han de exigir a la sociedad que destruya a sangre y fuego los obstáculos que se oponen a su trabajo y a su vida, y no por tener el derecho de vivir y trabajar, caduca el deber de hacer por sí mismos todo lo que contribuye a facilitar la acción social y a mejorar, dulcificar y civilar los medios y recursos de vida y de trabajo.
¿Quieren seguridad? pues organícense en cuerpos de vigilancia y policía; que ahí están las fuerzas del estado para rechazar los ataques que colectivamente les haga el enemigo.
Mas podrían hacer, y de ese modo resolverían de paso dos problemas: pidan que se hagan concesiones de terreno a los veteranos de la frontera, con la obligación de servir en la policía de seguridad, y asocien de ese modo, por su legítimo interés, a su vida y su trabajo, a su conservación y a la tarea de afianzarlo, a los que han estado obligados durante años enteros a cuidar y a preservar el orden y la vida en la frontera.

• •

Araucanos peores que los del extremo sud son los que toman a su cargo el intranquilizar a los habitantes de los campos en el resto ,de la república, y, a pesar de que el mal es estacionario y es tremendo, se aumenta todos los días en vez de disminuir.
¿Por qué? Por la misma causa que obliga al vecindario de Ángel a optar por medidas violentas y semi-bárbaras; porque nadie se muestra capaz, ni en sud ni en norte ni en el centro, de tomar a su cargo sus propios negocios, y porque todo el mundo se abandona a la providencia del gobierno, sin pensar que todas las providencias tienen en los labios la inmortal verdad: cura-te et curabo tibí.
La policía rural que acaso logre el señor intendente de Santiago establecer en la provincia que administra, no se establecerá tan fácilmente en el resto de la república. ¿Esperarán todas las provincias un intendente anhelante de actividad y de renombre?
Más pronto y más fácil sería que no esperaran ese intendente y que, entendiendo por sí mismos en sus negocios, y atendiendo por sí mismos a su seguridad, organizaran la mejor de todas las policías rurales; que es la voluntaria, la compuesta de interesados en la defensa de la vida y el orden en los campos.

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Irregularidades en la llegada del Independiente nos ponen en la mano este periódico cuando está próximo a salir el número del nuestro.
Por eso no contestamos (si es que debemos hacerlo) a lo que nos dice, contestando a las últimas palabras que dijimos sobre la donosa imputación de materialismo que nos hizo; pero tenemos tiempo, y lo aprovechamos, para hacer una rectificación por medio de una pregunta. Puede o no puede el intendente convocar la municpalidad anterior? Sí, puede, la ley le concede ipso facto el derecho. Sí puede, aunque haya sido excesiva nuestra interpretación del artículo 21 de la ley, es sostenible.

LA PATRIA VALPARAÍSO
MAYO 17 DE MAYO DE 1872.
ECOS DEL DÍA

Las necesidades se satisfacen; no se discuten. Es una necesidad atender a la seguridad de personas y bienes en los campos; es necesario satisfacer esa necesidad como podamos. Podemos contribuir activamente a ella los periodistas: contribuyamos.
Si los periódicos de toda la república, empezando por los de Santiago, — centro de todas las iniciativas, como lo es de todos los representantes de la riqueza rural y la influencia,– establecemos los fundamentos de una asociación para la seguridad individual, conseguiríamos inmediatamente estas dos cosas: alentar con nuestra actitud a los pacíficos habitantes de las campiñas y estimularlos; arredrar a los enemigos de la paz y la propiedad rural.
Queremos dejar a los diarios de Santiago la gloria y el placer de esta generosa inciativa, y solo añadiremos que siempre es tiempo para recordar la verdad no hace muchos días recordada por el señor Amunátegui en su crítica político-social.

• •

Digno es de los encomios más ardientes, el motivo en que funda el señor Gallo su negativa a contribuir activamente al generoso propósito de los artesanos que desean elevar un monumento a la memoria de Francisco Bilbao: no hay clases ante la libertad, y la libertad es la base de las democracias. Hurto han hecho los recuerdos del pasado, los vicios de educación, las diferencias de fortuna, el lento desarrollo de la idea democrática, para que aun vayan los demócratas a ahondar las diferencias, consintiendo en reconocer clases distintas, que solo existen en el orgullo pueril de unos, en la suceptibilidad viril de otros.
La riqueza, que establece distancias inabordables en todas partes, las ha establecido en Norte América, sobre todo en los grandes centros comerciales y políticos; sobre todo en Nueva York y en Washington; pero están de tal modo persuadidos los yankees de la ninguna influencia de esos pobres privilegios de la fortuna para la vida política y en las relaciones trascendentales del derecho, que se ríen con la risa más
benévola y más alegre que pueden tener los sajones, y dejan formarse sin incomodarla y sin asustarse lo que llaman “aristocracia del bacalao.” Dejemos que aquí exista también, si así lo quieren, una aristocracia del bacalao y una clase plebeya, separada de la primera por las distancias de dinero; pero guardémosnos de autorizar con nuestra aquiescencia esa distancia, de reconocer con nuestra afirmación esas dos clases.
Hasta aquí , el motivo que inspira al señor Gallo es digno de un político; pero ¿es completamente cierto que la sociedad de artesanos haya querido establecer diferencias de clases, haya obedecido al deseo de señalar la diferencia, cuando concibe la idea de reparar un olvido de la patria, cuando busca auxiliares para su digna empresa?
FRACISCO BILBAO ha sido una víctima de la ceguedad de su tiempo y del egoísmo mal sano de un periodo político: aquí, como en el Perú, fue blanco de todos los tiros: resistió, y sacrificó su juventud y su existencia, pero legó a su patria un nombre puro, la memoria del patriotismo más ferviente, el ejemplo de una existencia lógica. Eso basta para justificar la reverencia con que la nueva generación bendice su memoria. Eso debiera bastar para que todos se asociaran al deseo de los artesanos y los jóvenes.  Muchos héroes de un día ha dado la espada a Sud-América; dignos son de la inmortalidad en el agradecido corazón de las generaciones que contribuyeron a emancipar, y merecen las estatuas que la gratitud pública les alza. De los héroes de largos días y largas noches, de dolor sin recompensa, de esfuerzos sin inmediato resultado, no ha sido tan pródiga la América latina; y sin embargo, esos héroes del pensamiento son continuadores de los otros, lógico producto de los otros, necesidad tan efectiva como ellos.
Si los artesanos y los jóvenes tienen memoria más cordial y más activa y se acuerdan de los héroes de la idea, ¿por qué no hemos de asociarnos con calor a su nobilísimo intento, por qué no hemos de secundarlos, de estimularlos, de enartecerlos? ¿Porque son artesanos, y no debemos autorizar la existencia de clases? Pues para obtener ese noble resultado, es necesario hacer lo contrario: si todos se asocian, la obra será nacional, será de todos, será homenaje de Chile a un hijo bueno: si todos se excusan porque quieren que sea obra de todos, o no será obra de nadie y se reirán los que desean reírse y se quejarán con razón los artesanos, autores del pensamiento, o la harán los artesanos, y entonces habrá realmente una clase así llamada, no porque esté compuesta de trabajadores como nosotros, de obreros de su vida como nosotros lo somos, sino porque tendrá la más poderosa de todas las influencias; la influencia de la idea activa, opuesta a la resistencia de las ideas pasivas.
Por otra parte, es necesario hacer justicia a la digna asociación que ha tomado la iniciativa en esa reivindicación de una gloria intelectual de la nación: si han sido ellos los promotres de la idea, han encomendado su I realización a todo el mundo; a todos se han dirigido, con todos han contado.
Si bastara llamarse artesano para constituir una clase social exclusivista, y por tanto, anti-democrática, bastaría llamarse aristócrata para crear una aristocracia liberticida, y ya, en vez de reimos como nos reimos, deberíamos estar preparándonos para rechazar a la clase usurpadora.
 

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