La Patria Valparaiso page 1

 

LA PATRIA.

VALPARAÍSO, NOVIEMBRE 25 DE 1872.

ECOS DEL DÍA.

Envidiamos al Independíente la iniciativa que ha tomado. El ejecutivo ha pedido al poder legislativo la necesaria autorización para construir un ferrocarril desde Curicó hasta el Malleco, y el diario mencionado consagra su editorial del sábado a razonar la

necesidad de esa vía y a apoyar la demanda del gobierno. Nadie habrá que no la apoye. La prolongación del ferbcarril del sur que, considerada bajo el triple punto de vista, humanitario, económico y político, desde los cuales ha sido considerada, merece

el entusiasmo del país, merecerá los más patrióticos aplausos, si se le considera desde el punto de vista social. Obra humanitaria, porque evitará los sacrificios inútiles de vida que impone las avenidas de los ríos; ventaja económica, porque facilita el movimiento de productos entre provincias productoras; beneficio político, porque puede contribuir a simplificar el siempre insoluto problema de la guerra con los araucanos, “el ferrocarril al

extremo sud es un progreso social porque es un acto de civilización, además de ser todo lo que hemos enumerado.

Los pueblos no son civilizados sino cuando consagran al creciente desarrollo de sus fuerzas y sus facultades los elementos de vitalidad que adquieren. Elementos nuevos de vitalidad son los aumentos de rentas fiscales que el país adquiere, y de ningún modo

podría el país demostrar su progreso, que dedicando esos nuevos elementos, como quiere dedicarlos, a desarrollar las fuerzas físicas y las facultades morales que se desarrollan por medio de rápidos medios de comunicación entre puntos extremos.

No se necesita ser chileno, basta con ser americano; no habría necesidad de ser americano, bastaría ser hombre, para contemplar con regocijo y con cariño el progreso excepcional de este país, no excepcional porque sea el único país latino-americano que progresa (caso, felizmente, falso, pues progresan todos) sino por las condiciones excepcionales en que realiza su progreso. Ultimo Thule de la civilización; extremo el más lejano del mundo moderno; el país más aislado, por su posición de todos los que cuenta entre sus secuaces el progreso humano, casi todo su desarrollo es espontáneo,

desenvolvimiento natural, de centro afuera, de fuerzas propias, de facultades peculiares, de elementos internos de vida. A pesar de todo, crece, se desarrolla, se fortalece, se hace poderoso por los medios que aplica a su desenvolvimiento.

Si fuera un poco más expansivo y viera en su íntima relación con los otros pueblos del continente, y mediante ellos, con Europa, el corolario natural de su trabajo interno, su fuerza se duplicaría y su influencia se centuplicaría. Entonces, como se liga al centro de la república con su estremo sud, se ligaría por medio del ferrocarril

interoceánico, al Pacífico con el Atlántico, y los que deseamos el desarrollo paralelo del poder material y del moral, de las influencias internas y externas, multiplicaríamos el asombro que causan los pueblos trabajadores por el asombro que causan los

pueblos expansivos.

Pero persistamos en nuestro regocijo: todo progreso es una expansión, y si el ferrocarril de Curicó al Malleco se construye, la civilización chilena, hoy concentrada, se explayará hacia el sud. Los araucanos, a quienes retiene en su heroica barbarie el funesto sistema represivo imitado de los españoles, pueden no ser tan fuertes contra el ferrocarril como lo han sido y son y serán siempre contra fusiles y cañones. Si la simple influencia de un conductor activo de productos produjera el inestimable beneficio de despertar en esa raza maltratada el instinto de conservación, y al ver apreciados sus productos, trabajara para producir y produjera, se habría salvado para la civilización, y Chile habría hecho a la humanidad el mayor de los servicios que podría hacerle, pues

habría conquistado para ella una nueva actividad.

Todo se liga en toda vida, y como uno de los efectos más probables de la construcción y explotación de la vía férrea proyectada sería estimular y facilitar la colonización de esas tierras hoy desiertas, la simple población del territorio vecino a los

indígenas determinaría en éstos un cambio. Aprovecharse de él; adoptar un plan de conducta diverso del hasta hoy contra toda razón desarrollado sería entonces una necesidad que se impodría por sí misma, y cuando la lenta eficacia de los medios pacíficos hubiera apaciguado a las tribus guerreras y detenido a las errantes,

ya todo se habría hecho por sí mismo.

Con solo este beneficio habría el ferrocarril del Malleco adquirido derecho a la gratitud de los hombres. Siendo posible conseguir, además de eso, otros no menos apreciables beneficios, es imposible dejar de aplaudir con fervor y regocijo la idea del

gobierno. Esperamos que el poder legislativo la aplauda, la adopte, la apruebe y haga posible su anhelada conversión en realidad.

LA PATRIA.

VALPARAÍSO, OCTUBRE 7 DE 1872.

ECOS DEL DÍA.

No intentaríamos acabar la obra con tanta fuerza de lógica y de sentido común empezada por nuestros colegas del Independiente y del Ferrocarril, si bastaran argumentaciones negativas para convencer a los equilibristas del Perú y a los discípulos que tienen en América latina los equilibristas europeos. Para demostrarles la inanidad de sus razonamientos, para probar la inutilidad de la política artificiosa que intentan trasplantar a América latina; para destruir los arbitrios que han forjado, basta reducir a absurdo sus conatos, patentizar el ridículo que en ellos hay y exponer los peligros que determinaría en las relaciones de la vida americana un sistema absolutamente contrario a la razón en todas partes, evidentemente contrario al destino de estos pueblos en América. De esa tarea se han encargado el Independiente y el Ferrocarril, y | han agotado la tarea.

Tócanos otra, y la emprendemos con tanto más vivo empeño cuanto menos dispuesto encontramos el terreno. Tócanos establecer la parte positiva de la discusión razonando sobre intereses y necesidades harto más claras que las opiniones de unos cuantos periodistas peruanos, que solo han pensado en el asunto cuando el

asunto se les ha salido al encuentro.

Lejos de creer como nuestro colega de la República, que los periodistas peruanos se salen de su casa al interesarse en los negocios que dificultan nuestras relaciones con Bolivia, creemos que ellos, como todos los periodistas latino americanos, como toda la opinión americana, están en su casa, en su negocio, en su derecho,

en su interés. Para nadie puede ser indiferente en América latina la concordia o la discordia de dos miembros de esta familia de naciones que se llama continente colombiano, y si hubiera opinión pública basada en la razón de la vida americana, como hay opiniones basadas en el instinto de nuestra unidad continental, se hubieran evitado crímenes que hemos presenciado con insensible corazón, y no estaríamos ahora entrando en el período de complicaciones absurdas y buscando en parodias ridículas y en negaciones que nada resuelven, la solución de problemas trascendentales.

La prensa peruana ha cumplido con su deber al examinar la situación respectiva de Bolivia y Chile, al considerarla desde el punto de vista de los intereses inmediatos del Perú, al meditar en ella desde el punto de vista del interés general de América latina.

Es interés general de América latina la paz de todas las fracciones nacionales que la constituyen, la armonía de intereses que han de hacerla poderosa, la mayor comunidad de esfuerzos en el fin colectivo de la civilización americana, y la prueba más obvia, y también la más decisiva, de la necesidad de la paz, de la armonía y del esfuerzo común para el progreso, está en la alarma con que la opinión pública de América latina responde a los temores de discordia entre algunas de sus fracciones.

Establecida la legitimidad del derecho que ejercitan la prensa y la opinión del Perú al debatir las cuestiones que aventuran la paz entre Bolivia y Chile, importa saber si son adecuados al objeto los razonamientos empleados y los arbitrios propuestos. Razonan partiendo de intereses locales; proponen arbitrios artificiales, y en esto está el mal. Aun suponiendo que en sus discusiones con Bolivia, y en sus tratados con ella, y en sus discordias con ella, desatendiera Chile un derecho o un interés del Perú, no lograrla éste salvar su interés o su derecho con meras imputaciones ni con calumnias de intenciones. Aun suponiendo que el equilibrio americano pudiera basarse en convenciones meramente artificiales como la igual repartición de territorios y de fuerzas, nada sacaría de ese artificio deleznable la América latina. Aplazaría las dificultades, las disputas, la guerra; pero no las conjuraría para siempre. Se trata

de conjurarlas para siempre; de hacer imposible la guerra en América latina y entre miembros de la familia latino-americana, y para eso es preciso que se establezca un derecho internacional claro, preciso, racional, basado en el principio de vida orgánica y moral de América latina, adecuado a los fines racionales de la vida latino- americana.

Ese derecho internacional no puede ni debe ser obra improvisada de un determinado gobierno de América latina, sino que debe ser y tiene que ser tarea reflexiva y colectiva de todos los gobiernos y de todos los pueblos sud-americanos, representados

aquellos por plenipotenciarios ad hoc, representados los pueblos por su opinión pública, su prensa y sus varios medios de manifestación.

Un congreso de plenipotenciarios podría no resolver nada, pero probaría dos cosas: 1° que todos los miembros de la familia latino-americana se unen cuando la guerra está a punto de desunirlos; 2° que todo los problemas de la vida internacional

americana son resolubles por la discusión, puesto que todos, pueblos y gobiernos, están siempre dispuestos a anteponer la razón a la fuerza.

Pero nadie puede probar por juicios experimentales, y deduciendo de lo que antes ha sucedido lo que puede ahora suceder, que un congreso de plenipotenciarios no realizaría ninguna obra positiva. Las actuales circunstancias de América latina son escepcionales, porque son resultado de una época distinta de las anteriores. Ya América latina no guerrea, por más que aun queden fermentos de pasiones: América latina trabaja, adquiere conciencia de los beneficios del trabajo, progresa y tiene conciencia de la necesidad del progreso. Trabajar con sosiego, progresar en paz es

necesidad tan evidente de estas sociedades que así las más ordenadas por la libertad y el orden interior, como las aun víctimas de la anarquía, presentan en el trabajo que hacen y en el progreso que conquistan, la prueba o la justificación de sus esfuerzos. En la

cuestión de Chile con Bolivia hay una prueba. Si algo dificulta la armonía entre ambos gobiernos es el interés del trabajo nacional, comprometido en el territorio disputado o discutido.

Para una época nueva, cuya aspiración necesaria y culminante es la paz, porque es época industrial e industria es interés individual y colectivo ligado a trabajo de todos para todos y a bienestar de cada uno en el aumento de bienestar general; para una época nueva, como es que parcial y totalmente ha entrado América latina, se necesita un derecho nuevo en el cual se armonicen definitivamente los intereses de toda la familia americana. No hay armonía en tanto que haya vaguedad, y nada es más vago que

nuestro derecho internacional, cuya única base y forma única es la condescendencia mutua, que a todos impone el instinto de nuestra solidaridad y el sentimiento de nuestra fraternidad.

Convertir ese instinto de solidaridad en derecho internacional, ese sentimiento de fraternidad en ley de las naicones latino-americanas, –ese es el supremo interés de esta época, esa será la piedra de toque de nuestra virilidad, esa es la solución única,

porque sola ella es racional, de los problemas que suscitan, no tanto los intereses contradictorios de los pueblos y las arbitrarias exigencias de los gobiernos, cuanto el desarrollo mismo de las fuerzas americanas y el aumento de necesidades orgánicas y

morales, económicas y políticas, nacionales e internacionales.

Si hay alguien que pueda reducir a derecho positivo y a armonía permanente esas necesidades de esta época de reflexión y de trabajo, que lo haga. No siendo posible que lo haga un hombre o un gobierno, y siendo necesario que lo haga o lo intente un congreso de plenipotenciarios, creemos conveniente , previsor, prudente y patriótico, clamar y reclamar por un congreso de plenipotenciarios latino-americanos.

LA PATRIA.

VALPARAÍSO, SETIEMBRE 24 DE 1872.

Arjentina y Chile.

Por lo mismo que en estos días de alegrías alcohólicas se ha invocado con frecuencia la fraternidad americana, pensábamos no confundir la que nosotros predicamos reflexivamente con la aclamada entre copa y copa. Pero los telegramas que llegan de Buenos Aires y de Córdoba, la ciudad comercial y la ciudad doctoral de la Confederación Argentina, nos obligan a vencer la especie de poderosa repugnancia.

En Córdoba y Buenos Aires se ha celebrado el cumpleaños de Chile; en Córdoba, con un acto religioso; en Buenos Aires, con un acto municipal; en la ciudad de los doctores, orando en el templo a la misma hora en que oraban en Chile los que oran: en la ciudad municipal por excelencia, saludando con demostraciones calorosas al

pueblo chileno. Vamos despacio, pero vamos al gran fin. Ya no son los gobiernos los únicos que reconocen en sus demostraciones de simpatía a los representantes de los pueblos hermanos, la hermandad de estos pueblos y la solidaridad de vida que los liga:

son también los pueblos, es también el sentimiento popular; quienes se asocian a los regocijos de sus hermanos.

Hay en este progreso de nuestras relaciones internacionales una esperanza tan viva y tan segura, que es imposible no acariciarla con fruición. Y si es para nosotros placentero el ver que nuestros hermanos trasandinos celebran como suyas las glorias que recuerdan los días sagrados de la patria, deber ser ejemplo y estímulo de nuestra reserva característica el abandono cordial con que otros se entregan a la saludable alegría que un legítimo sentimiento de orgullo renueva anualmente en nuestro espíritu.

Las fiestas de la patria, instituidas en todas y en cada una de las fracciones que dividen la patria americana, no son fiestas de Chile y de Argentina o del Perú o de Colombia; son fiestas de todos estos pueblos, porque son recuerdos de todos pueblos, porque son

recuerdos de todos ellos; símbolo de la gloria y del martirio, del sacrificio y del triunfo que todos ellos sufrieron o gozaron al sustituir con la independencia unificadora el coloniaje divisor.

Servidores del progreso como son estos pueblos, en cuya breve historia pueden el sociólogo y el crítico comprobar los desarrollos de la vida, deben dar muestra de progreso en todo y pueden darla en la manera de explicarse y celebrar aquellos hermosos días de su nacimiento individual y colectivo: el pueblo americano que más expansivamente se abandona a la alegría de los otros y que con espíritu más fraternal celebre el aniversario de sus hermanos, eso será el que más haya progresado, porque ese será el que mejor comprenda el profundo sentido de la evolución histórica que se llama independencia americana.

A la República Argentina, en cuyos pueblos y en cuyos municipios empieza a manifestarse el conocimiento exacto de aquel memorable hecho, toca hasta ahora el honor: tributémoslo, envidiémoslo y merezcámoslo.

LA PATRIA.

VALPARAÍSO, SETIEMBRE 10 DE 1872.

ECOS DEL DÍA.

En el extracto de la sesión celebrada cinco días ha por la facultad de Humanidades, presentó el digno señor Guillermo Matta una moción, unánimemente aceptada por sus colegas de la facultad, que honra a su autor, a los que la han prohijado y al país.

La moción tiene el objeto de hacer justicia al mérito, por nosotros más que por nadie reconocido y alabado en el generoso escritor argentino señor J. Manuel Estrada, a quien el voto unánime de la facultad ha declarado miembro correspondiente de ella. El señor J.M. Estrada, profesor del Colegio Nacional de Buenos Aires, director de la Revista Argentina, excelente periódico científico-literario, autor de un notable estudio crítico sobre Los Comuneros del Paraguay, inteligente, sagaz y original expositor de los principios fundamentales de la educación común; propagandista de palabra y obra, por convicción y por simpatía, por patriotismo y por humanismo, de la enseñanza y la educación como base de una organización democrática positiva, —merece la honorífica distinción de la facultad de humanidades.

El señor Guillermo Matta, que ha sabido hacer justicia a un hombre, y que solo por eso merecería elogios calorosos, los merece mayores todavía por haber llevado a la Facultad, en su moción, el espíritu que ella encierra.

Tratar de ligar con los vínculos de la inteligencia a los hombres que aquí trabajan por el progreso del pensamiento, con los que en cualquiera de las repúblicas hermanas tiene el mismo progreso por motivo, es hacer un servicio positivo a su país, no menos positivo, por ser más lejano, a toda la América latina. El día en que los cultivadores de la ciencia y de las letras se conozcan en América latina; el día en que todos tengan por juez a toda América latina; el día en que circule por toda ella el pensamiento de cada uno de los miembros en que está dividida la familia latino- americana, será la víspera de la unidad buscada por todos los corazones, reclamada por el sentido común americano.

I No basta, para llegar a ese objeto, que Chile conozca y prohijé a los pensadores de las demás repúblicas; que estos reconozcan y prohíjen a los pensadores chilenos, que en toda la extensión de la América latina se conozcan, se estimen y se adopten el pensador y el pensamiento latino-americano; es necesario hacer lo más íntima que sea posible esas relaciones intelectuales, y es un buen medio, entre los mil que hay, el excogitado por el señor G. Matta al proponer a la Facultad de Humanidades que convierta sus Anales de la Universidad en una Revista latino-americana.

Los Anales, si se adopta el pensamiento del señor Matta, dejarán de ser una publicación de interés exclusivamente chilena, para ser de interés americano, pues en todas las repúblicas habrá hombres de letra y de ciencia que tengan interés en conocer el trabajo con que ellos, sus amigos o sus émulos hayan colaborado.

Un motivo personal, en ésta como en otras cosas, es frecuentemente más poderoso que otros, porque en esa, como en todas las cosas, siempre será más natural en los hombres el servirse a sí mismos que el servir a las ideas.

LA PATRIA.

VALPARAÍSO, SETIEMBRE 12 DE 1872.

ECOS DEL DÍA.

Otra vez el mismo tema. La guerra entre Argentina y Brasil. La guerra entre Bolivia y Chile! –Si continuamos de este modo, el año pasará a la historia con el dictado que merece: año ridículo. Desde que alboreó hasta el momento en que escribimos, no

han cesado los rumores belicosos de disonar en el oído americano; I no han cesado las noticias más absurdas de escandalizar al sentido común americano; no han cesado las conjeturas más estúpidas de irritar la discreción de los discretos. Ayer, Balta se enojaba con Chile porque Chile decretaba la compra de dos buques de guerra necesarios, y daba un golpe, decretando por sí ante sí la compra de cuatro buques, con los cuales, ipso facto, quedaba decretada la inferioridad militar de Chile en las pacíficas aguas del Pacífico.

Chile, que a los ojos perspicatísimos de Balta no podía aumentar sin mal designio sus fuerzas navales, no podía aumentarlas con buenos designios a los ojos de los sutiles que adivinan un conflicto inevitable por cuestión de límites con la Argentina, y se rumoreó que el gabinete de Buenos Aires pedía explicaciones por el aumento formidable de la poderosa marina de Chile. La Argentina se preparaba a batallar con el Brasil: rumores de alianza entre el Brasil y Chile. Bolivia, descontenta de las negociaciones pendientes, buscaba contra Chile el auxilio del Perú: rumores de alianza entre el Perú y Bolivia: rumores de guerra inevitable.

Et coetera. Para burlarse, basta; para irritarse, sobra; y nosotros no volveríamos a irritarnos (que no somos de los que nos burlamos de estas tristísimas puerilidades de los pueblos niños) si nuevos rumores, procedentes los unos del Perú, referentes los otros a Bolivia, no volvieran hoy a hacer necesaria la protesta que

reclaman los absurdos.

Se dice del Perú que el presidente Pardo ha manifestado Vehemente deseos de ver dispuesta la escuadra del Perú, y se dice de Bolivia que todo el mundo atribuye a Chile la expedición filibustera de Quevedo.

Los deseos del presidente del Perú se atribuyen a impedir que Chile se apodere del territorio boliviano. La mera posibilidad de jugar con la credulidad de estos países demuestra hasta qué punto cuentan los noticieros y los rumoristas con la ignorancia enque cada país latino-americano viva del país vecino. Saben los noticiosos que aquí se ignora que la escuadra peruana estaba desarmada, y del legítimo deseo que el Perú y su primer magistrado tienen de ver en aptitud a su marina de guerra, deducen lo que les place y les conviene. Desvanezcamos ese rumor, recordando que a mediados del año pasado, y a consecuencia de una tentativa de alzamiento de la armada, y para prevenir todo conato parecido a aquel, el señor J.F. Balta, hermano del entonces presidente y

encargado por éste de la cartera de guerra, ordenó y ejecutó el desarme de la escuadra, orden y ejecución que censuró acerbamente la prensa peruana, eco en aquel momento de los acerbos censores de la opinión general. Era unánime deseo el ver de nuevo armadas las naves del estado, y el presidente popular se ha apresurado a satisfacer ese deseo. Si ha coincidido la realización de él con los acontecimientos que tan temerariamente han glosado los que ven en Chile un enemigo de la paz, eso no quiere decir otra cosa, sino que han coincidido. Y nada más, y no perdamos más tinta ni paciencia en desbaratar una tontería.

Dicen en Boliva que Chile protegió la expedición-Quevedo, y se fundan en la acogida clamorosa que (según afirman los mismos que eso dicen) hicieron los chilenos del litoral boliviano a Quevedo. Admitamos la acusación y preguntemos: -¿Qué se prueba con eso? A lo sumo, podrá probarse que unos cuantos chilenos se dejaron

engañar por los alhagos de Quevedo, o que unos cuantos insensatos hicieran creer a sus compatriotas del litoral que Chile tenía interés en el triunfo de la anarquía ofrecida a Bolivia por Quevedo. Que haya crédulos e insensatos en Chile ¿qué prueba contra el gobierno de Chile, contra el pueblo chileno? Basta una simple reflexión, que bien puede llamarse por lo obvia una reflexión de simples, para demostrar la inanidad de ese gran argumento contra Chile. Los chilenos que explotan el desierto, lo explotan para enriquecerse, no para dar días de gloria a su país. El que trata de enriquecerse por medio del trabajo, necesita de la permanencia del trabajo. Una guerra entre Chile y Bolivia interrumpiría por necesidad el trabajo en el desierto, ¿son tan imbéciles los chilenos que lo explotan que no ven ese resultado necesario? Mucho han de serlo los que tan imbéciles los creen.

Y ahora si buscáramos, como acaso convendría, las causas de todas las inepcias que intranquilizan la vida internacional de estos pueblos y desasosiegan su trabajo, encontraríamos más de un cargo, más de una recomendación útil, contra todos los gobiernos de estos pueblos. En vez de hacer lo que deben, -obra de porvenir, trabajo

de unidad, tentativas de confraternidad práctica, “pierden tristísimamente el tiempo útil en remedos y parodias diplomáticas que, no saliendo jamás de las formas pomposas y vacías, no llegan nunca a la más leve concepción de sus deberes internacionales.

Hay un equilibrio americano que no consiste, como el europeo, ridículamente parodiado en nuestras relaciones oficiales, en la ponderación regular de nuestras fuerzas, sino en la constitución de la fuerza de que carecemos y de que, continuando en el aislamiento en que vivimos, no tendremos jamás.

No se trata de mantener quieta la espada hasta que sea necesario sacarla con honor, sino de no desenvainar jamás la espada. Y si no queremos, ni podemos, ni debemos desenvainarla, no nos burlemos los unos de los otros, empleando en amenazarnos puerilmente el tiempo que podemos emplear virilmente en hacer imposible la guerra civil entre pueblos hermanos. —En vez de amenazarnos, razonemos; en vez de pensar en la guerra, discutamos; en vez de separarnos, congreguémonos. Una conferencia de diplomáticos ( a pesar de que no tenemos ninguna confianza en diplomáticos) haría más en un mes de trabajos secretos que las cancillerías hacen en diez años. —The voice of one crying in the wilderness.

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