Un Error de los Puertorriqueños

EUGENIO MARIA DE HOSTOS’S TEXTS WRITTEN in NEW YORK- ARTICLES

 

 

 

  1. Un error de los puertorriqueños 108

 

 

Entendámonos. De los puertorriqueños que cuentan con la redención de su dinero.

Los cuales, suponiéndose impotentes para aniquilar el despotismo, no porque allá sea fuerte el despotismo sino porque ellos no han querido contarse, ni conocer sus elementos, han dado en la debilidad de esperarlo todo de fuera, de contar para todo con auxilios exteriores, de pensar que es posible hacer una revolución popular por medio de aventureros expedicionarios, y de contar con no sabemos que apoyo moral y material de no sabemos que gobierno redentor.

¿Gobierno redentor? No bastando la experiencia de Colombia, se ha hecho la de Cuba, y con harto dolor de la conciencia human a, se ha visto, y se esta viendo, que la política de intereses es una política perversa cuando no la anima, la vivifica y la humaniza un ideal mas generoso y menos móvil.

¿Expediciones de aventureros? No serán los actuales fau­tores de la revolución los que lleven a Puerto Rico hombres comprados. Saben lo que deben hacer, lo que deben querer, para que a la revolución anti-espanola siga la revolución total de ideas, de principios, de intereses, de sentimiento, de política, de administración, del estado social, del moral, etc., y no quieren ni deben llevar, ni aun en partículas, elementos desorganizadores que, en tanto que ellos hagan, deshagan su obra laboriosa.

 

  1. Publicado originalmente en La Rcvoluci6n, Nueva York, jueves 17 de febrero de 1870. No fue incluido en laedici6n de Obras Completadse 1939. De aquí en adelante, estas se citaran: OC-39.

 

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Saben, además, que las expediciones no inician jamás revoluciones. Las expediciones sirven para provocar revoluciones cuando un país la quiere y no se atreve a comenzarla; para auxiliar revoluciones, cuando el país revolucionado carece de elementos de guerra. Las primeras deben ser de armas y pertrechos, acompañadas, dirigidas y consumadas por revolucionarios nativos del país, pocos o much os, mejor pocos que muchos. Un hombre resuelto vale mas que cien irresolutos. Expediciones de este genero, las tendrá pronto Puerto Rico, háyase antes levantado o no. Expediciones de armas y pertrechos para sostener la guerra, las tendrá también cuando la guerra haya estallado. Pero expedición de centenares de aventureros, con millares de fusiles, con millones de cartuchos, compuesta de un ejercito, de una armada, y épicamente cantada, antes de salir o de llegar, por algún trovador descamisado, no la tendrá Puerto Rico. Puerto Rico no es tan rico para eso, ni son tan insensatos los hijos que aquí tiene para que considerando necesaria la revolución, la esperen de un sueño realizado: las revoluciones armadas se hacen como se pueden: lo que debe prepararse, meditarse, conformarse a un ideal, tener soluciones, medios, recursos propios, el porvenir en el presente, son las revoluciones político sociales que deben acompañar a las armadas, y que serán complemento del alzamiento de los puertorriqueños.

Todo lo que pueden hacer, todo lo que deben hacer los hijos de Puerto Rico que buscan fuera de ella el medio de salvarla de la indignidad, es:

 

  1. Ir en persona, cuando tengan en su poder los recursos recésanos.

 

  1. Decir claramente a lo que van, por que van, con que van y cuando van.

 

 

Exigirles mas es exigir imposibles, y no hay hombres que se presten a imposibles. A los que crean que ya es uno el revolucionar a Puerto Rico, se Ie contesta con la verdad: la verdad es que no hay revolución mas fácil que la de aquella Isla infortunada.

 

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Todo esta allí preparado. Clases sociales, intereses, ideas, sentimientos, hombres, mujeres y niños, territorio, puertos, ciudades, todo.

Un hombre, un solo hombre que imite a Rojas y sus compañeros, los levanta la Isla. Un hombre, un solo hombre que desembarque al frente de unos cuantos hombres decididos, hace independiente a Puerto Rico.

Es verdad que hay cinco mil soldados y diez mil españoles armados: pero también es verdad que hay cien mil puertorriqueños, blancos, mulatos y negros, que tienen un terreno conocido, montes amigos, retiros solo de ellos visitados, peñascales inaccesibles, precipicios en donde solo ellos no se precipitan. y por encima de estas ventajas numéricas y geográficas, una idea!

Piensen en esto, consulten su fuerza, y salgan de su error los puertorriqueños egoístas que quieren revoluciones afiligranadas.

 

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